SILENCIO, POR FAVOR!!!

Examinaré los documentos milenarios de la naturaleza, quizás fisgonearé personalmente es sus litigios, y compartiré mis conquistas con todo el que quiera aprender”

Freud a Emil Fluss. 17 de mayo de 1873.

Es de suponer, que a nadie se le escapa el hecho más que significativo de que la obra de Freud y la historia del propio psicoanálisis están plagadas de personajes femeninos. En los textos que Sigmund publica entre 1893 y 1899, es donde la mujer y el acontecimiento de su palabra, poseen una particular relevancia al producir el material que luego se complejizará dando como resultado el Psicoanálisis como dispositivo y como técnica.

En lo que podríamos llamar la historia oficial, hay una versión quimérica, legendaria del nacimiento del psicoanálisis, otorgando su origen a dos mujeres: Bertha Pappenheim y Fanny Moser. En este artículo me ocuparé de la segunda, intentando deshenebrar junto con el lector porque esta dama tiene tanta importancia en lo que al Psicoanálisis concierne.

Emmy von N., junto con otras mujeres: Anna O., Lucy R., Elisabeth von R. Y Cäcilie M., fueron pacientes que Breuer y Freud presentaron como casos clínicos en “Estudios sobre la histeria”. Es la capacidad que éstas tuvieron para demostrarle al mismísimo Freud algunos de sus rudimentos más importantes lo que las hace merecedoras de los galardones que pronto Freud acumularía en su haber.

Freud comenta haber utilizado por primera vez el método catártico con esta mujer de cuarenta años cuya identidad no revela. Es dable situar que no fue sólo este método el que empleó para “la cura” de esta livonia. Por aquellos tiempos, se encontraba experimentando distintos procedimientos que le otorgaran algún beneficio. Claro está que no sólo para Emmy (madre) sino también para la construcción de su teoría, para deshacerse de la hipnosis y avanzar sobre los nuevos horizontes que se le proponían…

En 1924, refiriéndose a su informe sobre “Frau Emmy von N.”, redactó “sé que ningún analista puede leer esa historia sin una sonrisa piadosa”, seguramente hoy sea así, pero al decir de Peter Gay ésto era demasiado severo y totalmente anacrónico.

El tratamiento que Sigmund aplicó a Fanny Moser, es menester decirlo: fue primitivo (durante la cura, que duró tan sólo seis semanas, éste le proporcionó masajes corporales, le prescribió baños y trató de liberarla de sus afectos dolorosos mediante sueño artificial, hipnosis y diálogos catárticos) si se lo juzga desde la perspectiva técnica psicoanalítica desarrollada.

El Profesor, para la primera entrevista con Fanny Sulzer-Wart (nombre y apellido de soltera) llevaba consigo un As en la manga: pensaba utilizar, por primera vez, el método catártico de Josef Breuer.

Emmy aguardaba al médico yaciendo sobre el diván, con un almohadón de cuero bajo la nuca (ella jamás hubiera podido adivinar que esta postura, ese diván, inaugurarían el dispositivo terapéutico destinado a ser símbolo de cosas por venir1.2

Faltaban dos elementos, hoy fundantes: la escucha “pasiva” del analista y la asociación libre del paciente, la escena estaba casi por completo montada.

Freud comienza a masajear la frente de la paciente, mientras le va enunciando preguntas, insistiendo cada vez más con el interrogatorio de calidad hipnótico… hasta que un día: “me dice, con expresión de descontento, que no debo estarle preguntando siempre de dónde viene ésto y estotro, sino dejarla contar o que tiene para decirme. Yo convengo con ello, y prosigue sin preámbulos…”3

En este historial, a Freud se le revela que el estado hipnótico tan preciado hasta el momento no representa el Grial Sagrado. Éste inicia un lento abandono de la hipnosis como tratamiento sugestivo por lo que él denomina como “análisis psíquico”, al comprobar su ineficacia para transformar las inervaciones somáticas.

Sigmund en una lucha cuerpo a cuerpo con la dama de Livonia para lograr algo de lo que se esperaba como cura, que intervenía dando órdenes… “En esos tiempos aún no circulaba la transferencia, que abre un espacio para la interpretación, ni la contratransferencia como espejo cognitivo. Pero él está aprendiendo el arte de escuchar. Ordena pero ya no interroga.”4. Este nuevo modo de escuchar supera al utilizado por su amigo Breuer. En el decir de E. Rodrigué, “la innovación introducida por Freud (…), la diferencia consiste en la sugestión directa sobre las ideas patógenas.”

En mí, también la re-lectura de este caso ha sido con una sonrisa que acompaña la idea de genialidad para con el maestro, mohín que sigue la lectura de los datos que fueron habilitando camino a lo que hoy entre analistas se suele mencionar como: “escucha analítica”, “abstinencia”… Silencio que uno debe hacer para que algo, del que presenta ante nosotros, advenga en una palabra, tal vez en un gesto, en un acto.

Pavada de cosa se estaba gestando en los alrededores de esta Sra. viuda. Al emplear la posición diferente de “la escucho” y ya no sólo “hábleme, cuénteme lo que se le ocurrió… le doy plazo para recordar hasta…”, Freud comienza a colocarse en otro sitio, en ese “la escucho”, se encuentra el único fragmento “objeto a” que exista para que inmediatamente él se convierta en velo de ese objeto… palabras que luego Lacan emplea. Vocablos que sin el aporte de la experiencia de los “hipnotizadores” de la Sàlpetrière poco se podría haber logrado.

Siguiendo la idea de E. Roudinesco, el psicoanálisis lejos de seguir siendo una doctrina monolítica, supo modificar su práctica a lo largo de los años. En Freud mismo esto puede observarse. Al otorgarle la palabra al paciente ante todo, más que a la nosografía y al considerar que era el propio sujeto el que podía verbalizar sus síntomas; se ha borrado la frontera entre el saber y la verdad, entre la ciencia y el sufrimiento, entre la razón y la locura.

Sin que en aquel entonces se nombrara como tal el concepto de transferencia es evidente que la relación terapéutica lograda entre Emmy y “Su Doctor” está teñida de este tinte, que es el posibilitador de lo que ha acontecido.

En fin, hoy como ayer contábamos con los mismos elementos, prueba más prueba menos… ésto en realidad nos conduce a pensar si el psicoanálisis es una ciencia o solo una base de experimentación con resultados sorprendentes. Freud, fue también un analista en formación. Formación propia y al mismo tiempo de la teoría y técnica que lograría con el correr del tiempo transmitir… tuvo seguidores y quienes lo apedrearon… hoy contamos con un dispositivo psicoanalítico que a la luz de mis ojos es eficaz, que se ha enfrentado y se enfrenta tanto con la competencia de las otras psicoterapias como las transformaciones debidas a las demandas y deseo de los analizantes.

Lic. Macarena Cao Gené

@macarenacaogene

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

  • Freud, Sigmund. Obras completas: Tomo II: Estudios sobre la histeria (J. Breuer y S. Freud –1893-1895-). Amorrortu editores: Argentina, 1992.
  • Rodrigué, Emilio. Sigmund Freud: el siglo del psicoanálisis. Sudamericana: Buenos Aires, 1996.
  • Israel, Lucien. El goce de la histérica. Argonauta: España, 1979.
  • Forrester, John. Sigmund Freud. Partes de guerra. Gedisa : Barcelona, 2001.
  • Nasio, Juan David. Como trabaja un psicoanalista. Paidós : Buenos Aires, 2000.
  • Gay, Peter. Freud: una vida de nuestro tiempo. Paidós: España, 1996.
  • ¿Si el cadáver no responde… quién?, de Julio E. Hoyos Z. Revista electrónica del departamento de Psicoanálisis. Universidad de Antioquía.

1Rodrigué, Emilio. Sigmund Freud: El siglo del psicoanálisis. Sudamericana: Buenos Aires, 1996.

2 En su autobiografía de 1925, aparece “abandoné entonces la hipnosis, y sólo retuve de ella la posición del paciente, tendido en un diván detrás del cual me sentaba yo, de manera que lo veía sin ser visto”.

3 Freud, Sigmund. Obras Completas: Tomo II: Estudios sobre la histeria (J. Breuer y S. Freud –1893-1895-). Amorrortu editores: Argentina, 1992.

4Ibidem, 1.