¿QUÉ DICEN LAS PALABRAS?

De la reproducción de violencias hacia la construcción de subjetividad de niños, niñas y adolescentes (NNyA)

  • Un recorrido posible por los paradigmas de infancia

La Ley de Patronato Estatal de Menores N° 10.903 sancionada en 1919 por el Congreso de la Nación Argentina, conocida como Ley Agote, representó un significativo avance hacia el proceso de construcción simbólica de la Infancia, entendida en ese entonces desde la categoría de “minoridad”. Reconoce al menor como aquel a quien le falta madurez y carece de las habilidades adultas, y por ello debe ser protegido. Desde este paradigma tutelar y proteccionista el niño es concebido como un menor pasivo, objeto de tutela y concebido desde lo individual.

En el año 1994, con la reforma constitucional, se incorporó a la Constitución Nacional la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN). En 1999 fue promulgada la Ley 114 de la Ciudad de Buenos Aires, de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes y en el 2005 se sancionó la Ley Nacional 26.061 de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, la cual respeta el espíritu de la Convención.

Es a partir de esta reforma que el menor, objeto de tutela pasa a ser concebido como niño, niña, adolescente sujeto de derecho, un sujeto en sí mismo menor de 18 años, capaz de ejercer sus derechos con autonomía progresiva, concebido de manera integral, frente a quien las personas adultas tienen la obligación de velar por la prevención, promoción y protección de sus derechos.

  • La palabra como oportunidad para los niños, las niñas y adolescentes

Organismos internacionales como UNICEF describen la perspectiva de infancia como aquella que concibe a los niños, las niñas y adolescentes, ya no como un objeto propiedad de los padres, ni como seres indefensos, sino como individuos miembros de una familia y una comunidad, con derechos y responsabilidades que irán ejerciendo paulatinamente de acuerdo a su edad y nivel de desarrollo madurativo.

Se trata entonces de pensar a los niños, niñas y adolescentes a partir de sus propios deseos, saberes, necesidades y padecimientos; de preguntarles y preguntarnos sobre aquello que sienten, vivencian y afrontan como seres singulares en plena construcción de subjetividad. Implica por tanto adentrarnos en procesos reflexivos para mirar “con ojos de niños” (Tonucci, 2010) manteniéndonos alejados de una mirada adultocéntrica que redunde en la invisibilización de las infancias y adolescencias, y la vulneración de sus derechos.

Las palabras tienen el poder de generar efectos impactando en la subjetividad de quien las dice y de quien las escucha; pudiendo en numerosos casos construir parte de esa subjetividad a partir de la transmisión de ideas, conocimientos y experiencias o bien “destruirla” tras la reproducción de prejuicios y estereotipos que promuevan diferentes modalidades de violencia.

Se presenta entonces el desafío de revisar conceptos y palabras, esas que, por estar escritas en el texto de la Ley y/o por haberlas recibido como “herencia discursiva”, no han generado pregunta hasta el momento, favoreciendo su reproducción en los diferentes ámbitos de trabajo con niños, niñas y adolescentes.

  • Deconstruyendo conceptos: Del “abuso” sexual infantil a las “agresiones” sexuales contra niños, niñas y adolescentes.

Partir del paradigma de la complejidad (Morin, 2001) que caracteriza la época que vivimos, constituye el primer paso para que pueda surgir algo del orden de la incertidumbre, de lo multicausal y complejo que genera la deconstrucción propuesta por Derrida, a partir de una elucidación crítica de conceptos instituidos (Castoriadis, 1983). La interrogación de aquello naturalizado, se constituye entonces como la herramienta privilegiada que habilita la reflexión, el pensar con otros/as y el co-construir nuevos conceptos y miradas desde una perspectiva inclusiva (Tomé, 2018), valorando la diversidad y, reconociendo y respetando los múltiples atravesamientos que cada persona presenta en su vida.

Entre esos conceptos que reclaman revisión, se encuentra el abuso definido por la RAE, entre una de sus acepciones, como “hacer uso indebido o excesivo de algo o alguien”. Pero, ¿qué implica esta afirmación cuando nos referimos al abuso sexual infantil?

Hablar del mal uso que puede hacerse de un niño, niña o adolescente es continuar ubicándolo y pensándolo en el lugar de objeto, permitiendo reconocer en el otro extremo, la posibilidad de que ese niño, niña o adolescente pueda ser usado adecuada o correctamente.

La complejidad imperante en la sociedad actual reforzada por el avance y atravesamiento de las TICS en la vida cotidiana de las personas, exige al mundo profesional, la revisión de conceptos aprendidos y comprendidos desde una lógica simplista y causal obsoleta, que se sostiene en sintonía con un enfoque tutelar y proteccionista de menores que aún hoy, a más de 20 años de la reforma constitucional, continúa operando efectos desde los textos de las legislaciones vigentes, entre otros.

Afirmaba líneas arriba que las palabras construyen subjetividad, y en nuestra lucha por el empoderamiento de derechos, se plantea la imperiosa necesidad de comenzar a hablar de agresiones sexuales en lugar de abusos sexuales, cambio que conlleva una profunda transformación que lejos de limitarse a lo discursivo, dará lugar al reconocimiento de cada niño, niña y adolescente como sujeto de derecho y a la efectiva prevención, promoción y protección de tales derechos por parte del Estado y las diferentes instituciones que conforman la sociedad (institución familia, escuela, salud, etc.)

  • Una deuda pendiente con las Infancias y adolescencias: Del abuso sexual “infantil” a las agresiones sexuales “contra niños, niñas y adolescentes”.

Pensar en niños y en niñas nos invita a sumergirnos en escenarios lúdicos donde se comparten juegos infantiles, se disfrutan cuentos infantiles, se relatan sueños infantiles y se estimula el desarrollo infantil, entre otros. Sin embargo, el mal llamado abuso sexual infantil nos interpela, o al menos debiera hacerlo de aquí en adelante, exigiéndonos una revisión y reflexión crítica, no sólo por la necesidad de utilizar un lenguaje inclusivo que contemple las aolescencias, sino por la pregunta que se desprende del mismo y que la Lic. Macarena Cao Gené formula con claridad al plantear ¿qué tiene de infantil un abuso?.

Frente a la evidente respuesta, reconocer el lugar de víctimas que ocupan allí los niños, las niñas y adolescentes, devolviendo la responsabilidad de la agresión a la persona que la comete, constituye la deuda pendiente que como sociedad tenemos para con las infancias y adolescencias. (M. Cao Gené. Inédito)

Es por ello que, una vez más, nos vemos frente a la necesidad de un cambio discursivo que favorezca la construcción de subjetividad y brinde oportunidades de elaboración psíquica y resiliencia a quienes fueron víctimas, refiriéndonos a esta modalidad de violencia como agresión sexual contra niños, niñas y adolescentes.

  • El Grooming y las agresiones sexuales contra NNyA a través de medios digitales.

El Grooming es un delito penal que atenta contra la integridad sexual de niños, niñas y adolescentes.

Se configura a partir del contacto de una persona en edad punible con un NNyA, con fines sexuales, a través de medios tecnológicos y en espacios virtuales, pero con consecuencias que impactan sobre la realidad y la subjetividad de sus víctimas, a corto, mediano o largo plazo, pudiendo causar daño psíquico.

En tanto implica el sometimiento de un NNoA a los requerimientos sexuales de la persona agresora, se constituye como una de las modalidades del “abuso sexual infantil” (UNICEF, 2016), –agresión sexual contra NNyA– en la cual, la víctima, por su nivel de desarrollo madurativo y afectivo no puede comprender las características y/o los alcances de los requerimientos, ni brindar consentimiento, encontrándose bajo una marcada asimetría de poder, experiencia y oportunamente, de edad, respecto de la persona agresora.

Las palabras comunican ideas, expresan conceptos y al ser emitidas, tienen el poder de construir subjetividad o de reproducir diferentes formas de violencias contra la integridad física, psicológica y sexual de niños, niñas y adolescentes. Tal como promueve ICMEC, “las palabras y los conceptos, sí importan!”

Lic. Prof. Soledad Fuster – MN 50221

Licenciada y Profesora en Psicología (UBA) – Directora de Diplomatura Universitaria en Prevención y Abordaje del Grooming. Agresión Sexual contra Niños, Niñas y Adolescentes en Entornos Digitales. – Co-Directora de Diplomatura Universitaria en Perfilación Criminal de Pederastas Digitales. – Coordinadora Pedagógica en Dirección Gral. De Niñez y Adolescencia. Ministerio de Hábitat y Desarrollo Humano. GCBA. – Miembro de Departamento de Orientación Escolar en Instituto D. Velez Sarsfield – Docente Universitaria – Ex Coordinadora Nacional de Área Psicológica en Grooming Argentina. Miembro del Comité Científico Nacional de la Sociedad Argentina de Trastornos de la Personalidad y Psicopatías – Miembro del Comité Asesor de IASA. – Co-Directora de Espacio Virtual de Orientación y Acompañamiento a Familias, Docentes y Profesionales: Nutriendo Crianzas – Psicóloga clínica en consultorio particular (Atención de niños, niñas, adolescentes y adultos) – Expositora en Jornadas y actividades de capacitación universitaria y profesional