DE LOS PECADOS CAPITALES A LOS TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD (II)

Por: Lic. Gervasini Diego (Uruguay)

SOY MEJOR QUE VOS, QUE LE VAMOS A HACER…”

EL PECADO DE LA SOBERBIA.

La Soberbia, también conocido como el Pecado del Orgullo, es para la Iglesia este es el pecado más importante, fue el que dio el comienzo a los otros seis (López, 2001; Martí, 2013). Se basa en la historia de Lucifer, el ángel caído, que al querer alcanzar la grandeza de Dios, se debe convertir en su antítesis (López, 2001).

En este pecado se encuentra el deseo de obtener más excelencia de la que le conviene al sujeto. Se muestra con la superación de no necesitar a Dios, por la sensación de autosuficiencia que encontraban en estos individuos. Por lo cual siente que los demás deben de estimarlo y respetarlo como al ser especial que son (López, 2001).

En este caso para la autora el Trastorno de Personalidad que se le asemeja es el Narcisista (López, 2001).

Según el DSM-IV-TR (AMERICAN PSYCHIATRIC ASSOCIATION, 2002) el Trastorno de Personalidad Narcisista presenta un patrón general de grandiosidad, la necesidad de admiración y falta de empatía, manifestándose a principio de la edad adulta, cumpliendo cinco o más de los siguientes criterios: un gran sentido de autoimportancia. Las preocupaciones por las fantasías de éxito. La creencia de ser únicos y especiales, mereciendo estar rodeados de gente o instituciones del mismo status. Exigen admiración excesiva. Sujetos muy pretenciosos. Son interpersonalmente explotadores. Presentan una importante carencia de empatizar con el otro. Frecuentan envidia o creen que los demás los envidian y presentan comportamientos y/o actitudes arrogantes y soberbias.

La autora hace mención de la noción que tuvieron los Escolásticos al encontrar el patrón de grandiosidad que subyace en los sujetos con trastorno narcisista de la personalidad en el pecado de la soberbia (López, 2001).

Para Kernberg (1979) la organización de personalidad narcisista se basa en perturbaciones referidas a la autopercepción. Estos sujetos “sienten gran necesidad de ser amados y admirados y presentan una curiosa contradicción entre un concepto muy elevado de sí mismos y una desmedida necesidad de homenaje por parte de los demás” (Kernberg, 1979, p. 205).

En Millon & Davis (1998) encontramos que se refieren al patrón egoísta, “se vuelven hacia sí mismos en busca de gratificación y han aprendido a confiar más en sí mismos que en los demás para obtener seguridad y autoestima” (Millon & Davis, 1998, p. 411).

Para la autora, el deseo de Lucifer contra Dios luchando para no separase de su lado, repite su condenación en cada narcisista. Al simular estos un sentimiento de omnipotencia, por la idea de sufrir un abandono del objeto amado. Dejándolo de este modo en una real y absoluta soledad (López, 2001).

TU QUIERES LO MIO, YO QUIERO LO TUYO…”

EL PECADO DE LA ENVIDIA.

La Envidia es el pecado en el cual el sujeto desea conseguir los bienes del otro (Martí, 2013). Según la Escolástica, hay sujetos que no pueden tolerar el bien de los demás, porque a través de esos bienes ajenos los pecadores se sientes desplazados de poseer esas virtudes (López, 2001).

Para la autora el Trastorno Paranoide de la personalidad es el que personifica a este pecado, siendo un sujeto que está atento a los bienes del otro, sin poder disfrutar de los propios por temor a la expropiación de estos (López, 2001).

Para el DSM-IV-TR (AMERICAN PSYCHIATRIC ASSOCIATION, 2002) estos sujetos presentan una desconfianza y suspicacia casi permanente, interpretan los actos del otro como maliciosos, manifestándose a principios de la edad adulta, apareciendo cuatro o más de los siguientes criterios: Sospecha de que los demás les van a hacer daño o engañar. Preocupación al dudar de la lealtad o fidelidad de personas cercanas. Se resisten a compartir información con allegados por el temor al uso que le pueden llegar a dar. Almacenan los rencores. Se sienten constantemente que lo están atacando. Sospechas de infidelidad que recae en la pareja.

La autora hace referencia a la aparición de este pecado en el pasaje de Caín y Abel. Caín siente envidia del amor que le tiene Dios a Abel. Este sentimiento es producto de un desplazamiento del odio al objeto persecutorio, que en este caso es el odio que Caín hacia Dios recayendo en Abel (López, 2001).

En el pecado de la envidia, al igual que en el Trastorno Paranoide, debe existir un otro en el que se proyectan los sentimientos persecutorios con mucha hostilidad. Cuestionando la fidelidad, lealtad y amabilidad de los demás (López, 2001).

En Millon & Davis (1998) encontramos que detalla al trastorno como el patrón suspicaz. En estos sujetos es tan fuerte la visión que tienen del otro que piensas que “frente a un mundo en el que son los otros quienes determinan lo que ocurre, construyen un mundo en el que tienen la posibilidad de determinar los acontecimientos y pueden hacer lo que desee” (Millon & Davis, 1998, p. 719).

Frente a la envidia que les produce la idea de que los demás pueden controlar el entorno, los sujetos con trastorno paranoide manifiestan que desean ser ellos quienes controlan a los demás. En el pecado como en Trastorno Paranoide es muy necesaria la aparición de un tercero, que se interpone en el medio del sujeto y el objeto deseado (López, 2001)

MERESCO MÁS…”

EL PECADO DE LA AVARICIA.

La Avaricia es definida como un deseo desordenando de acumular bienes exteriores (López, 2001). La autora piensa que el deseo de la adquisición de bienes y riquezas supone, para el sujeto avaro, un mecanismo de defensa, a causa de la angustia que le genera la carencia y un futuro incierto (López, 2001).

Es entonces que ubica al pecado dentro del Trastorno de Personalidad Obsesivo-Compulsivo la compatibilidad con este pecado.

Para el DSM-IV-TR (AMERICAN PSYCHIATRIC ASSOCIATION, 2002) los sujetos con trastorno de personalidad obsesivo-compulsivos presentan una preocupación por el orden, perfeccionismo y un deseo de controlar tanto el registro mental como las relaciones interpersonales, apareciendo a principio de la edad adulta, contando en ellos cuatro o más de los siguientes criterios: Preocupación excesiva por orden y reglamentos. Perfeccionismo que no permite la finalización de tareas. Dedicación excesivas tanto laborar como a la producción de riquezas, disminuyendo momentos de ocio. Son excesivamente tercos, escrupulosos e inflexibles en temas relacionados con la moral, la ética y los valores. Incapaces de tirar objetos en desuso, en los cuales no hay depositado ningún valor sentimental. Reacios a delegar tareas. Avaros en los gastos, motivados por futuras catástrofes en lo que van a necesitar ese respaldo económico. Son rígidos y obstinados.

Para Millon & Davis (1998) describen el patrón de conformismo en el trastorno compulsivo de la personalidad. Dando cuenta de lo contradictorio con el DSM-IV-TR (AMERICAN PSYCHIATRIC ASSOCIATION, 2002), los autores piensan a este patrón en base a que son sujetos que “anulan sus posibilidades de satisfacción o bien piensan que son incapaces de sentirse contentos” (Millon & David, 1998, p. 527), por tal motivos no sienten la necesidad de cambiar y prefieren permanecer cómodamente como están en su rigidez.

La autora menciona la aparición de ritos de los sujetos con trastorno obsesivo-compulsivo al poner el ejemplo de el avaro escolástico contando diariamente sus monedas, convirtiendo esta necesidad de control en algo incontrolable, compulsivamente, como en los rituales del trastorno (López, 2001). No disfruta lo que guarda, solo lo realiza ante la necesidad de resguardarse de lo único que sale fuera de su control, el futuro incierto que lo angustia.

NO ME IMPORTA SER EL SUEÑO DE CUALQUIERA…”

EL PECADO DE LA LUJURIA.

La Lujuria se describe como el pecado que aparece por tener una desmedida cantidad de deseos y pensamientos sexuales, tendiendo a un desenfreno hacia lo carnal sin funciones reproductivas (Martí, 2013). La autora describe que en los Escolásticos se percataron de este desenfreno sexual, apetito carnal que busca ser satisfechos en el acto, sin la capacidad de proyectarse a un futuro (López, 2001)

El Trastorno de Personalidad que la autora encuentra en sintonía con este pecado es el Trastorno Histriónico de la Personalidad. En el cual tanto el pecado como el sujeto con el trastorno encuentran formas de seducción y de manipulación de la situaciones para la satisfacción inmediata del deseo (López, 2001).

En el DSM-IV-TR (AMERICAN PSYCHIATRIC ASSOCIATION, 2002) se encuentra una gran emotividad y la búsqueda constante de atención, manifestándose a principios de la edad adulta, encontrándose cinco o más de los siguientes criterios: Incomodidad ante situaciones que no le permiten ser el centro de atención. Relaciones interpersonales generalmente guiadas por un comportamiento sexualmente seductor o provocador. Labilidad emocional. Usan la estética de su cuerpo como medio de llamar la atención. Discurso muy subjetivo y sin matices. Autodramatizan, exageran y teatralizan sus emociones. Sugestionables y consideran a los vínculos más íntimos de lo que son en realidad.

Según Millon & Davis (1998), el patrón presente en estos sujetos es el patrón gregario. Ya que por su forma de conseguir los vínculos, su comportamiento y conducta sumado a “la insatisfacción con vínculos únicos, en combinación con la constante necesidad de volver a conseguir estimulación y atención, da como resultado un patrón seductor, espectacular y caprichoso de relaciones personales” (Millon & Davis, 1998, p. 373).

Carmen López (2001) encuentra una personalidad que busca satisfacción inmediata, la cual nunca logra satisfacer por completo. Generando de esta manera maniobras de seducción para conseguir por los medios posibles calmar esa necesidad de lo carnal, según lo Escolásticos. En términos de las personas con este Trastorno de Personalidad no tiene que ser solo la idea del sexo, sino de tener al otro como cuerpo que sede a sus deseos. Lo carnal alejaba al sujeto de Dios, por tal motivo era mal visto en esa época (López, 2001).

La seguimos en la parte III…