La Neurociencia Forense y su relación con los Trastornos de Personalidad: Neuronas Espejo y Psicopatía

Por: Lic.Nadia Verónica Huppi

MÓDULO DE NEUROCIENCIA FORENSE Y PSICOPATOLOGÍA DE LA DIPLOMATURA EN NEUROCIENCIA CLÍNICA APLICADA AL ESTUDIO DE LOS TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD Y PSICOPATÍAS

Introducción

El derecho históricamente ha servido para mediar en conflictos entre partes, es decir, cumple funciones de control social, de seguridad y de justicia, ha cumplido una función reguladora de las interacciones entre las personas, grupos, sociedades e instituciones. Sin embargo, a la hora de resolver conflictos, no alcanza con que los operadores jurídicos se apeguen estrictamente a las leyes para asegurar que están tomando buenas decisiones; es por lo que el derecho necesita de herramientas que le ayuden a comprender mejor la complejidad de dichas relaciones. En la actualidad, el derecho se ve con la necesidad de servirse de conocimientos que no son estrictamente suyos, sino de otras disciplinas científicas para mejorar la toma de decisiones a nivel judicial. Entre ellas, la neuropsicología forense ha encontrado un sitio especial dentro del sistema jurídico (Monroy, N. & García-López, E, 2017)

Neuropsicología Forense y su implicancia en el Derecho

La neuropsicología puede entenderse como la disciplina científica dedicada al “estudio de la relación entre el cerebro y la conducta” (Monroy, N. & García-López, E, 2017), mientras que la neuropsicología forense es la disciplina encargada de la “aplicación del conocimiento teórico [y metodología] de la neuropsicología al ámbito legal” (Monroy, N. & García-López, E, 2017).

En la actualidad, la evaluación neuropsicológica forense es de gran utilidad en casos en los que se requiera de la descripción de procesos cognitivos y emocionales, con la finalidad de tener un mejor entendimiento respecto a por qué ocurrió un determinado acto violento (Monroy, N. & García-López, E, 2017), incluso en aquellos casos en los que existan alteraciones cognitivas derivadas del consumo de sustancias. De modo que para llevar a cabo dicha evaluación se examinan procesos específicos, como la atención, la memoria y las funciones ejecutivas –autocontrol, planificación, etc. (Monroy, N. & García-López, E, 2017).

Al mismo tiempo, la evaluación neuropsicológica forense ha sido conveniente para elaborar la descripción de las alteraciones neurofuncionales de una persona, debido a que ciertas alteraciones en la estructura del cerebro –como el lóbulo temporal y la amígdala– se han relacionado de manera significativa con conductas agresivas y descontrol emocional, mientras que las alteraciones en el lóbulo prefrontal se han asociado con conductas antisociales, sumado a que, algunas alteraciones frontotemporales se han vinculado con problemas de inhibición y capacidad de planificación (Monroy, N. & García-López, E, 2017).

De esta manera, se ha encontrado en pacientes con psicopatías una deficiencia de la actividad del sistema de neuronas espejo situado en la ínsula anterior y en la amígdala, mientras que los sistemas espejo situados en la corteza prefrontal ventromedial se encuentran intactos. El primer sistema se encuentra implicado en el reconocimiento de ciertas expresiones como disgusto o miedo, mientras que el segundo sistema se encuentra implicado en el reconocimiento de otras emociones, como el enfado. A su vez, se deduce que los sistemas de neuronas espejo presentes en las regiones temporoparietales (lóbulo temporal, corteza temporal superior, corteza parietal inferior), la corteza frontal inferior y en la corteza paracingulada se encuentran intactos.

Esto explicaría a nivel neurobiológico y neurofuncional ciertos rasgos de la personalidad psicopática como la perturbación emocional (empatía y culpabilidad reducidas) y la perturbación del comportamiento pronunciadas (conductas criminales y violentas) (Hare, 1991), aunque, lógicamente, son necesarias mayores investigaciones para determinar dicha relación.

De cualquier forma, ciertos rasgos de personalidad psicopáticas además de la emisión de conductas relacionadas con patrones psicopáticos estarían relacionados con una deficiencia en ciertas áreas específicas del cerebro relacionadas con los sistemas de neuronas en espejo, los cuales, han sido identificados en la adquisición de la empatía, entre otras conductas. Ahora bien, las neuronas espejo son grupos de neuronas especializadas ubicadas en la corteza premotora, que se activan cuando un organismo realiza una acción o ve a otro actuando de la misma forma.

Lo que sucede es que el cerebro bloquea el yo y reconoce que la acción es del otro; el cerebro pretende hacer la acción que está observando. Un ejemplo de esto sería un gran golpe de un jugador de futbol, el cerebro siente lo que está pasando con el futbolista y la persona que observan se apropia del sentimiento (Keysres, 2011).

Los humanos no serían nada sin la habilidad de imitar a los demás, la destreza de ver el mundo desde la perspectiva de otras personas es muy importante, todo esto para construir una imagen mental de las intenciones y pensamientos de los demás para poder predecir y manipular el comportamiento de otra persona, esta capacidad es llamada teoría de la mente (Ramachandran, 2012), habilidades que indudablemente se encuentra alterada en personas psicópatas.

Así también, Duque (2015), explica que la teoría de la mente es toda habilidad que tiene un ser para leer la mente de otro de una manera implícita. Estas neuronas no siempre funcionan bien, pueden fallar y cuando esto pasa se dificulta la socialización (Duque, 2015).

Así, la empatía puede definirse en dos términos distintos como son la empatía cognitiva o teoría de la mente (ToM) y la empatía afectiva. Los pacientes con trastornos psicopáticos responden positivamente a las tareas de ToM, sin embargo, no muestran ninguna empatía afectiva frente a otros individuos (Dolan et Fullam, 2004; Blair, 2005).

A su vez, los hallazgos de Dolan (2004) demostraron que la falta de empatía afectiva se relaciona con la incapacidad de mostrar preocupación por otro individuo en relación con las emociones y sentimientos inferidos. Nuevamente, estos hallazgos sería compatibles entre las manifestaciones conductuales típicas y la diferencias en los déficits neurofuncionales encontrados en personas psicópatas.

Tal como afirma Jemar (2020) la psicopatía es un grave trastorno del temperamento que se caracteriza por una dificultad en la construcción de los sentimientos que van a regular las emociones, con la consiguiente imposibilidad de desarrollar la empatía, carencia de vínculos significativos e hiperprominencia de la teoría de la mente, que lleva a estas personalidades a pseudoadaptaciones a la cultura en la que está inmersos, en donde pueden desarrollar conductas disruptivas.

No obstante, la evaluación neuropsicológica se ve limitada en el sentido de que presenta una dificultad respecto a la identificación del factor o factores que son realmente responsables de las conductas agresivas, puesto que el estudio de las alteraciones cerebrales solo proporciona una explicación parcial del porqué se desarrollan tales conductas (Golden & Lashley, 2014b).

Además, el que un individuo presente o no alteraciones en el cerebro no predice, sin lugar a dudas, que se cometa un acto violento, puesto que no por el hecho de que haya una alteración en una región que se ha correlacionado en forma estadística a un determinado comportamiento, significa que el individuo necesariamente presentará la misma conducta (Monroy, N. & García-López, E, 2017).

Cabe mencionar, la investigación realizada por James Fallon, profesor de neurología de la Universidad de California Irving (UCI) quien realizaba una investigación estudiando las tomografías cerebrales de asesinos psicopátas, en comparación con tomografías de cerebros de su propia familia. Se encontró con que su cerebro compartía muchos rasgos de personalidad con pacientes con graves desórdenes psiquiátricos.

Siendo esos rasgos una baja actividad en ciertas áreas de los lóbulos temporal y frontal, relacionados con la empatía, los valores morales y el autocontrol. Fallon se sometió a varias pruebas genéticas, y advirtió la presencia de todos los alelos -o formas alternativas que puede tener un gen- coincidentes con un alto riesgo para la agresión, la violencia y la baja empatía, del tipo a las variaciones del gen MAO-A, que ha sido vinculado al comportamiento agresivo.

Explica Fallon (2013) que no se puede decir solamente a partir de un escáner o de la genética si alguien es asesino o psicópata, pero se puede ver que tiene la tendencia a ciertos rasgos que coinciden con eso. La biología no es una sentencia para predecir el comportamiento, pero puede dar un potencial alto. Concluye que un psicópata.

Por tal razón, se deben integrar los datos neuropsicológicos obtenidos junto con los que se refieran al ambiente, historia de vida y circunstancias del hecho, así como todos los datos necesarios y relevantes para el suceso que se investiga (Monroy, N. & García-López, E, 2017), lo cual permitirá llevar a cabo una evaluación más completa.

Conclusión

Dentro del campo pericial es crucial contar con adecuadas teorías que posean poder explicativo y adecuada evidencia empírica, no solo de manera descriptiva, sino también los sustratos neurobiológicos implicados en las conductas o rasgos de subpoblaciones.

Así, la evaluación e investigación de las personas psicópatas presenta diversas dificultades para la sociedad en general y para el sistema jurídico en particular. El contar con teorías parsimoniosas e integrales, permitiría recabar información desde una perspectiva distinta a lo que actualmente se realiza, lo cual sería de suma utilidad en la investigación de un hecho, en tanto que mientras se obtengan mayores elementos derivados de distintos tipos de intervenciones, el abordaje del hecho será más completo, dándole mayor certeza al órgano juzgador de que la teoría del caso planteada está fundamentada.

En síntesis, el alcance de la neuropsicología forense puede abarcar todas las áreas del derecho y orientar al sistema de justicia en la toma de decisiones.