Maltrato Infantil y Violencia de Genero

Dos caras de la misma moneda (Parte I)

Trabajo Final del Máster malos tratos y violencia de género, de UNED, España, de la Licenciada Mariana Graña

A partir del trabajo con niños en múltiples instituciones públicas y el consultorio privado, dentro de la atención y evaluación de riesgo que se realiza a mujeres víctimas de violencia de género pude comenzar a observar más allá de lo teórico que conocemos. Dentro de las evaluaciones de riesgo, se entrevista a la Sra., quien es parte dentro de un expediente judicial, siendo la contraparte el demandado/violento. Increíblemente, los niños no aparecen ni son visibilizados dentro del mencionado expediente. Esto no quiere decir en principio, que no se los evalúe. Es más, sus entrevistas son utilizadas como medio de prueba de la violencia que la Sra. dice estar siendo víctima.

Frente a la duda y la creencia profundamente arraigada dentro de las cabezas de los profesionales que sostienen las instituciones, de que la Sra. es probable que invente la denuncia o que en realidad este realizando una denuncia falsa, los niños son utilizados como el medio de comprobación y veracidad de la denuncia. Es decir, que en muchos casos, los niños únicamente aparecen en la evaluación de riesgo a partir de entrevistarlos para conocer su lo que su madre refiere, es fehacientemente así. Entonces la psiquis, el padecimiento infantil o lo que los niños piensan acerca de lo que sucede, no aparece en las evaluaciones de riesgo sino simplemente se menciona que el niño refiere al igual que su madre, los mismos eventos de violencia, quedando completamente invisibilizado el padecer de los niños, así como la violencia de la cual son objeto. Hace poco tiempo se empezó a visibilizar el sufrimiento de la niñez, ya no realizando las evaluaciones como medio de prueba, corriendo a los niños del asignado rol de “testigos” para que sean observados como víctimas.

Por esta razón, al comenzar a estudiar en profundidad la violencia de Genero y a la vez, especializar y agudizar la mirada en los estudios del trauma y la disociación, se comienza a ver un poquito más allá de lo que se denuncia para verdaderamente adentrarnos en el padecer humano. Conceptos como la Violencia de Genero, entonces, van a estar unidos a otros conceptos como perspectiva de género, como herramienta que posibilita el ver ese padecer y sufrimiento, Trauma y disociación como dos vocablos que condensan todos los estudios acerca de las consecuencias de haber padecido traumas interpersonales, y además, el Maltrato Infantil.

He observado que los niños expuestos a violencia de Genero en el seno familiar, presentarían, en principio sintomatología y características similares a las presentes en niños que fueron víctimas de otros malos tratos contemplados como Maltrato Infantil. Por ello, se presenta la posibilidad de que la presencia de los niños en la violencia de genero a manos de un padre victimario y una madre víctima, impactaría de forma tal en su psiquismo y su cuerpo que podría considerar una nueva categoría dentro del concepto de Maltrato Infantil.

Se considera necesario realizar una revisión de la bibliografía alusiva de múltiples autores y tópicos que dan cuenta por un lado de los conceptos de Maltrato Infantil para luego conocer las consecuencias del Maltrato Infantil. No se recorrerá, sino que se hará la debida alusión a los conceptos de violencia de genero que se da por sentado se basa en las mismas cuestiones que se han profundizado durante el cursado del Master. La interrelación es lo que nos interesa mostrar y evidenciar, llegando a la conclusión, luego del recorrido, no solo bibliográfico sino de los datos arrojados por el trabajo de campo y la experiencia clínica de quienes leen el presente trabajo.

Por ultimo considérese el presente como una primera aproximación para conocer datos reales que comprobaran o refutaran nuestras hipótesis sino como una instancia primera que nos dejara visibilizar en un futuro con mayores datos y a partir de la concientización y profundización de los estudios profesionales, la posibilidad de prevenir de forma primaria, a la vez que generar las estrategias de intervención adecuadas desde una perspectiva de género pero también desde una visión de la restitución de los derechos vulnerados de los niños que no son vistos dentro de la epidemia en la que se ha constituido la violencia de genero.

CONCEPTO DE MALTRATO INFANTIL:

Muchas veces hemos leído múltiples definiciones de maltrato infantil, quedando claras las mismas e incluso pudiendo ser encontradas en cualquier búsqueda en internet. No obstante, estas cuestiones teóricas se ven interpeladas llevando a los profesionales a dudar y reconsiderar ¿Qué es verdaderamente una situación de malos tratos. En muchas instituciones se escuchan frases como: “Pero le pega? Entonces si no le pega no es maltrato”, “Sera que lo maltratan?” Etc. Preguntas que ponen en duda lo que los niños pueden llegar a estar diciendo, pero sobre todo y lo que nos atañe en este trabajo, que es lo que piensan los profesionales cuando considera que hay o no malos tratos.

Desde este ambicioso trabajo, consideramos que el maltrato infantil tiene características similares a las que se observan en la dinámica de la violencia de género. Es decir, sobre todo, y emulando los conceptos de Pierre Bourdieu, hay en especial un desbalance de poder. Este punto crítico es lo que se debe prestar atención, no siendo para nada importante si el mal trato es físico, emocional o psíquico, dado que todos los tipos de maltrato infantil incluyen varios y no únicamente uno solo. Ahora si podemos pensar entonces, que es el maltrato infantil, es decir, desde este desbalance de poder, que situaciones son mal tratantes para un niño?

Una estudiosa (1) del tema específico que estamos analizando, menciona justamente este cambio en los conceptos y coincidentemente plantea que los vocablos pueden ser indicadores de cuanta comprensión podemos tener de lo que estamos conversando. Las denominaciones han ido cambiando producto de que los profesionales hemos ido considerando y prestando mayor atención a los niños que acudían a las consultas o a las evaluaciones con las madres, conforme también fue evolucionando y tomándose mas en cuenta el concepto de infancia y niñez.

Zamudio(2) 2012 nos comenta el recorrido y las diferentes maneras de mencionar esta cuestión. Al hablar de niños testigos, bastante aceptado en algunas áreas de desarrollo, da la sensación de que los niños y niñas son los que deben dar cuenta de la violencia de genero padecida por su madre como meros observadores de la misma. Es decir, su testimonio seria la prueba de la situación de su madre y de su padre. Esto los aliena alejándolos de la situación como si no hubiera implicancias físicas y emocionales. Esto confirma la ausencia de los niños y niñas en los expedientes judiciales. Estos vocablos omiten y oculta la implicancia del SNC de los pequeños.

También se ha considerado la problemática como “niños expuestos a…” siendo posible complementarla con otras denominaciones: Niños expuestos a violencia de género, a violencia familiar, etc. Sin embargo, el estar expuestos no da cuenta del daño, únicamente visibilizando que hay riesgo, peligro de daño, pero no necesariamente con consecuencias negativas. Así la terminología no termina de expresar los procesos traumáticos que vivencian los niños ni tampoco expresan las causas que llevan a lo traumático.

El mencionado autor propone el término “niños y niñas víctimas de la violencia de género en la pareja”, condensando así el reconocimiento de su sufrimiento y daños, y, por otro lado, nos explica las causas de este sufrimiento: la violencia de género en la pareja.

DESDE LAS NEUROCIENCIAS:

Gracias a los desarrollos acerca de las neuronas espejo Marco, Iacoboni(3), podemos saber que al ver lo que ocurre en otra persona, podemos entender, sentir y acompañar lo que otro siente. El autor remarca de forma magistral: “Las neuronas espejo nos brindan, por primera vez en la historia, una explicación neurofisiológica plausible de las formas complejas de cognición e interacción sociales.

Al ayudarnos a reconocer las acciones de otros, también nos ayudan a reconocer y comprender las motivaciones más profundas que las generan, las intenciones de otros individuos”. Insisto en que este hallazgo fortuito, ha dado explicación y sentido a múltiples cuestiones de los hombres, entre ellos sin que estos científicos supieran, han dado explicación y argumentos a lo que sucede a los niños. Explico antes de continuar, lo que le ocurrió al neurofisiólogo Vittorio, Gallese. Caminaba por el laboratorio mientras se tomaba un respiro en las actividades. Había un mono sentado, tranquilo, en la silla, esperando su próxima tarea.

De pronto justo cuando Vittorio tomo algo con la mano, sin recordar incluso que era lo que tomo ni el mismo científico, escucha una descarga de actividad en la computadora que estaba conectada a los electrodos que se habían implantado de forma quirúrgica en el cerebro del animal. “Al oído inexperto, tal descarga le hubiera sonado similar a la estática: al oído de un neurocientífico avezado, señalo una activación de la célula pertinente del área F5.

De inmediato, Vittorio creyó que la reacción era inusitada. El mono está sentado, quieto, sin pretender asir nada y, sin embargo, esta neurona vinculada con el acto prensil se había activado”. A simple vista nada nos refiere a la violencia y a las consecuencias con que nos tomamos la mayoría de los profesionales que escuchamos a los niños. Sin embargo, este descubrimiento neuroanatómico es una de las cuestiones fundamentales que lleva a que un niño o niña sea mucho más que un testigo

DESDE LATEORÍA DEL TRAUMA Y LA DISOCIACIÓN:

Me ocurrió a mí misma, ¿a quién no?, tener que presenciar una escena de violencia de genero de un hombre hacia una mujer que sería una pareja, quien a la vez llevara el carrito de bebe. El Sr la golpeaba y la insultaba frente a mí. Esos tres perfectos desconocidos por mí, y su escena generaron en mí una descarga adrenalínica digna de una situación de violencia hacia mí misma, a pesar de que el Sr ni me vio, ni se dirigió a mi hasta que intervine, nada de esa escena era dirigido hacia mi persona, mi ser estaba conmovido. Sudoración, agitación, desesperación, ausencia de control y una gran descarga que generó un torrente sanguíneo descarrilado completamente fueron el resultado. Gracias a otras investigaciones que han dado cuenta de todos estos fenómenos (Porges 2001) (4)Podemos saber que “existen hechos conductuales y psicológicos específicos que cambian la regulación neuronal del sistema nervioso autónomo y el trauma así como las enfermedades y demás cosas distintas también la cambian”.

La activación de todo el sistema nervioso moviliza, como sabemos, hormonas del stress según describen los estudios “La actividad hormonal del eje HHA tiene gran capacidad de respuesta al estrés agudo, produciendo un incremento inmediato en el CRF, la ACTH, y los glucocorticoides (Sapolsky, Krey, y Mcewen, 1986). El CRF estimula no sólo la liberación de ACTH de la glándula pituitaria (hipófisis), sino que también actúa como un neurotransmisor, aumentando la actividad en las neuronas adrenérgicas del locus cerúleos (Axelrod y Reisine, 1984; Yehuda et al., 1991). Los receptores glucocorticoides abundan particularmente en el hipocampo, una estructura del cerebro que se considera central en el funcionamiento de la memoria. La densidad de receptores glucocorticoides en el hipocampo disminuye tanto en respuesta al estrés agudo como debido a la circulación de hormonas glucocorticoides (Sapolsky, Krey, y McEwen, 1986).

Finalmente, existe una evidencia considerable acerca de la toxicidad de los glucocorticoides para el hipocampo, lo que lleva finalmente a muerte neuronal que es dosis y tiempo-dependiente. La muerte de las células hipocámpicas se produce con el envejecimiento, y se acelera con el estrés” y “Los cambios fisiológicos a largo plazo asociados con el estrés agudo pueden entenderse en términos generales como una forma inconsciente o condicionada de memoria somática, y pueden ser la base de determinadas modalidades de memoria inconsciente de hechos traumáticos. Un paradigma común para ello es el concepto del condicionamiento del miedo (Charney, et al., 1993; Davis, 1992a y b, 1992; Kolb, 1987; LeDoux, Cicchetti, Xagoraris, y Rornanski, 1990), una respuesta condicionada clásica en la cual la respuesta al miedo está conectada con un estímulo visual o auditivo, que de lo contrario sería neutral. El condicionamiento del miedo puede ser un modelo para comprender el fenómeno clínico de los “flashbacks” emocionales, el pánico, y la excitación fisiológica que los pacientes con TEPT experimentan cuando son expuestos a estímulos que remiten al trauma. La base neurobiológica del condicionamiento del miedo ha sido estudiada en varias especies incluidos los primates.

El condicionamiento está mediado por proyecciones tálamo- amigdalares subcorticales (Davis 1992a; LeDoux et al., 1990), y parece involucrar sistemas noradrenérgicos, dopaminérgicos, opioides, y CRF (Davis 1992ª)” (5). En términos de Schore (2.013), se conoce la fenomenología del trauma relacional al que lleva al niño esta exposición en la que se encuentra, ya nos encamina a poder reconocer en ellos, las consecuencias concretas. “Dentro de las consecuencias a corto plazo, le evidencia interdisciplinaria indica que la respuesta psicobiológica del niño a estresores interpersonales severas está compuesta de dos patrones de respuesta separados: Hiperactivacion y disociación (Perry, Pollard,Blakley, Baker y Vigilante, 1995, Schore, 2003ª). En los primeros estadios de la amenaza, la alarma del niño o reacciones de susto indican la activación del hemisferio derecho del niño. Además, por turnos, evoca repentinas subas en la energía expandida de la rama simpática del ANS, resultando en aumento de la frecuencia cardiaca (aceleración cardiaca), presión arterial y respiración.

El distrés es expresado llorando y gritando. El estado de franco estrés del niño, o de terror, es mediatizado por la hiperactivación del simpático que es expresado con secreción del factor de corticotropina (CRF – siglas en ingles), la mayor hormona cerebral de estrés. CRF regula la actividad de la catecolamina del simpático, además de subir los niveles de noradrenalina, dopamina, y adrenalina creando una hiperactivación del metabolismo dentro del cerebro en desarrollo. Elevadas concentraciones de Cortisol y de Glutamate ( el mayor neurotransmisor excitatorio del cerebro) también acompaña el estado de hiperactivación.

Una segunda reacción a largo plazo del trauma relacional es la disociación, en la cual el niño se desenchufa de los estímulos exteriores- los niños traumatizados usualmente son vistos como “mirando fijo a la nada con una mirada perdida”. La disociación del niño en medio del terror implica anestesia, evitación, sumisión, y afecto restringido. Esta reserva de energía parasimpática ocurre en estado de estrés desahuciado o desesperanzado en la cual el individuo estaba inhibido y se esfuerza por evitar la atención y convertirse en “invisible” (o no visto) (Schore, 1994, 2003ª, 2003b). Este estado de cierre metabólico y desaceleración cardiaca es un proceso de regulación primario que es usado durante toda la vida.

El individuo estresado pasivamente se desconecta para poder “reservar energía….para sobrevivir al lado de los riesgos de muerte, para permitir curar las heridas y la restitución de recursos mediante la inmovilidad”(Powles, 1992, p. 213). Se hipotetiza que este mecanismo parasimpático mediatiza la profunda separación (Barach, 1991) de la disociación. Si el trauma temprano es experimentado como una “catástrofe psíquica” (Bion, 1962), entonces la disociación es la “separación de un situación insoportable”” (Mollon, 1996), “el escape cuando no hay escape”(Putnam, 1997, “el último recurso defensivo”(Dixon, 1998)” (6). Pivoteando entre la Hiper activación y la Hipo activación, el niño continua presente y más allá de ser testigo, observándose entonces que todas estas investigaciones nos muestran otros aspectos no tan visibles en el momento de vivenciar las escenas y la dinámica de la violencia sino a largo plazo de estar conviviendo sistemáticamente con la misma.

1 – (Czalbowski, Sofia – 2015 “Detrás de la pared. Una mirada multidisciplinar acerca de los niños, niñas y adolescentes expuestos a la violencia de Genero” Editorial Declee de Brouwer)

2 – (Zamudio, Raúl Lizana – 2.012 “A mí también me duele. Niños y niñas víctimas de la violencia de género en la pareja” Editorial gedisa).

3 – (Iacoboni, Marco 2.009 “Las Neuronas Espejo: Empatía, Neuro política, Autismo, Imitación o de como entendemos a los otros”).

4 – (Porges, Stephen 2.001 “La Teoría Polivagal y su papel en el tratamiento de los desórdenes de atención, regulación afectiva, comunicación social y agresión”. Universidad Nacional Autónoma de México. Proyecto Conacyt).

5 – (Chu, J. A., Matthews, J. A., Frey, L. M., and Ganzel, B. – 1996. “La naturaleza de los recuerdos traumáticos en el abuso infantil” en The nature of traumatic memories of child abuse. Dissociation, Vol IX, Nº 1, Marzo de 1996. Trauma and Dissociative Disorders Program, McLean Hospital, Belmont,MA, and the Department of Psychiatry, Harvard Medical School).

6 -Schore, Allan – 2.013 “Trauma relacional, desarrollo cerebral y Disociacion” en “Tratamiento de trastornos por estres traumático complejo en niñ@s y Adolescentes. Bases científicas y Modelos terapéuticos” Editado por Julian D. Ford y Christine A. Courtois Traducción: Lic. Mariana Graña (Argentina – Abril 2018 – Reconocimiento por el aporte a la comunidad latino parlante otorgado por ISSTD – 2.019) de “Treating Complex Traumatic Stress Disorders in Children and Adolescents”

Maltrato Infantil
Maltrato Infantil Maltrato Infantil y Violencia de Genero

Julian D. Ford y Christine A. Courtois Traducción: Lic. Mariana Graña (Argentina – Abril 2018 – Reconocimiento por el aporte a la comunidad latino parlante otorgado por ISSTD – 2.019) de “Treating Complex Traumatic Stress Disorders in Children and Adolescents”