Los efectos del estrés en la vida temprana y su susceptibilidad en la psicopatología

El estrés en la vida temprana ha demostrado una clara asociación con muchos trastornos psiquiátricos, incluida la depresión mayor, el trastorno de estrés postraumático y el trastorno bipolar. El sistema de diagnóstico por categorías del Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) ha servido como marco necesario para el servicio clínico, la prestación y la investigación, sin embargo, no ha coincidido completamente con la perspectiva de la investigación neurobiológica.

El estrés en la vida temprana presenta una dinámica compleja que presenta un amplio espectro de alteraciones fisiológicas: desde alteraciones epigenéticas, cambios inflamatorios, hasta desregulación del eje hipofisario hipotalámico y se ha sumado al desafío de identificar biomarcadores asociados con trastornos psiquiátricos.

Se han encontrado alteraciones anatómicas y funcionales en distintos desordenes psiquiátricos, muchas de estas alteraciones preceden el inicio de la enfermedad y su grado de severidad. Esto aumenta el cuestionamiento de que puede ocasionar estas alteraciones tempranas.

Se sugiere que el intervalo del periodo de desarrollo es el mas sensible a las influencias del ambiente; una de las mayores vías las cuales no están asociadas a factores nutricionales ambientales incluye las Vías endocrinas e inflamatorias materno-placentario-fetal relacionadas con el estrés, estos procesos juegan un papel fundamental en la migración de las células gliales, diferenciación celular, maduración sináptica y otros aspectos importantes en el desarrollo cerebral.

En animales los mediadores inflamatorios del estrés producen cambios en la proliferación celular, diferenciación neuronal, gliogenesis, supervivencia celular, sinaptogénesis mielinización y la disponibilidad de factores neurotróficos, neurotransmisores, factores de crecimiento.

La presencia de complicaciones obstétricas como la preeclampsia, las infecciones y otras condiciones ambientales pueden alterar el neurofenotipo. Por estas razones estos marcadores inflamatorios y endocrinos, son considerados como indicadores resumidos de una amplia gama de afecciones intrauterinas adversas: IL-6, interleucina-6; factor de necrosis tumoral TNF-α.

Altas concentraciones de glucocorticoides pueden suprimir la proliferación de células madre neuronales, además los marcadores biológicos del estrés pueden disminuir la disponibilidad de factores neurotróficos, por ejemplo, la dexametasona puede inhibir el factor neurotrófico derivado del cerebro. Los mediadores endocrinos e inmunes del estrés disminuyen la disponibilidad de la serotonina y afecta los procesos de migración celular, desarrollo del axón y sinaptogénesis.

La serotonina puede afectar la migración celular, acelerar el crecimiento del axón y afectar la sinaptogénesis.

En distintos estudios, se ha demostrado que la exposición fetal al estrés puede interferir con el desarrollo normal cerebral y resultar en efectos perjudiciales.

En un estudio se examinó la asociación del cortisol materno durante el embarazo y el tamaño de la amígdala y el hipocampo fetal (por medio de estudios de imagen) y se realizaron escalas para determinar problemas afectivos y síntomas característicos de distimia y trastorno depresivo mayores; se evidencio que altas concentraciones maternas de cortisol en estadios tempranos del embarazo producía un mayor volumen en la amígdala derecha de las niñas pero no de los niños, no se encontró que la concentración aumentada de cortisol tuviera relación con el tamaño de la amígdala izquierda.

Este hallazgo es consistente con evidencia previa de una asociación entre los trastornos de ansiedad y el mayor volumen de la amígdala derecha, e hiperactividad de la amígdala derecha. Se ha sugerido que las emociones negativas se procesan predominantemente en la amígdala derecha pero no en la izquierda, lo que respalda un papel específico de la amígdala derecha en los trastornos afectivos.

El eje hipotálamo- hipófisis- adrenal es la forma del organismo de adaptarse al estrés mediante la secreción de hormonas, el estrés psicológico puede ejercer un rol importante en la aparición de trastornos psiquiátricos incluidos la esquizofrenia, por ejemplo, en un metaanálisis se demostró que as personas con esquizofrenia tienen una respuesta disfuncional a la anticipación durante la prueba de estrés social de Trier (TSST); también se ha encontrado una respuesta disfuncional al estrés psicosocial en individuos evaluados con alto riesgo de psicosis en comparación a controles sanos, lo que respalda la idea de que el eje HPA esta alterado incluso antes del diagnostico de esquizofrenia.

En animales de laboratorio, la administración de CRF directamente en el SNC conduce a la activación del sistema nervioso autónomo, elevación de catecolaminas periféricas y aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Se ha demostrado que la administración de CRF en el SNC induce una disminución en la ingesta de alimentos, patrones de sueño alterados, facilita el condicionamiento del miedo y una mayor respuesta de sobresalto, conductas que son paralelas a los síntomas de los trastornos depresivos / de ansiedad.

En primates no humanos, la administración directa de CRF en el SNC produjo síntomas depresivos que incluyen comportamiento de apiñamiento e inactividad. Curiosamente, se ha demostrado que los antagonistas de CRF atenúan la ansiedad y los síntomas depresivos mediados por la administración de CRF en el SNC, además de poseer propiedades ansiolíticas intrínsecas en una variedad de paradigmas preclínicos.

Hemos visto que la neurobiología, principalmente de los trastornos afectivos y ansiosos, permite una nueva perspectiva de los efectos adversos del estrés y de experiencias traumáticas en la niñez y adolescencia. Existe la esperanza, entonces, que el mayor conocimiento de los vínculos entre estrés psicosocial y efectos neurobiológicos nos permita desarrollar intervenciones más específicas y efectivas. Tales hallazgos refuerzan lo que ya se sabe sobre la importancia de la prevención de tales experiencias en el ámbito de la familia y la comunidad.

Uno de los desafíos que enfrentan los psiquiatras clínicos es cómo integrar los nuevos aportes de la neurobiología con los datos provenientes de la experiencia clínica y de las ciencias sociales, para una comprensión más completa de la interacción entre sustratos genéticos, neuroquímicos, personalidad, experiencias traumáticas y eventos sociales en la etiopatogenia de los trastornos mentales.

Un modelo basado en conceptos actualizados de estrés nos puede ayudar en esa tarea. Con ese objetivo, se intenta ilustrar la relación entre estrés, neurobiología y trastornos mentales. Luego, se revisa someramente algunas de las posibles vías causales entre estrés psicosocial y morbilidad mental. Finalmente, se propone una posibilidad de convergencia entre ambos niveles de análisis.

Referencias Bibliográficas

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  4. Trucco M. Stress and mental disorders: neurobiological and psychosocial aspects. Rev Chil Neuro-Psiquiat 2002; 40 (Suplemento 2): 8-19

Dra Rosibel Cifuentes Castro  

Especialista  en Psiquiatria  egresada  de la Universidad Maimonides  de Buenos Aires, Argentina.

Trabajando actualmente en consulta ambulatoria de psiquiatría  adultos en Santiago de Chile