INICIANDO UN CAMINO HACIA LA COMPRENSIÓN DEL NEURODERECHO (PARTE I)

Por: Herberto Fermín Espinosa Abogado Diplomado en Neurociencia Clínica aplicada al estudio y abordajes de los trastornos de la personalidad y las psicopatías, Sociedad Argentina de trastornos de la Personalidad y Psicopatías (SATP) 2020Formosa, República Argentinahfe055@gmail.com

El primer aspecto de aproximación tiene relación con el estudio del derecho y las neurociencias desde una perspectiva que las involucra necesariamente, no solo por la necesidad de aplicar los conocimientos de la neurociencia en el ámbito legal sino por la gran relevancia que esta relación ha despertado en el ámbito social. Hoy en día resultan más que importantes los aportes del neuroderecho, entendido este como una rama del derecho que debe estar conectado con la neurociencia en todos sus aspectos, de modo de no dejar de sopesar los fundamentos biológicos que subyacen a toda conducta del hombre, entendiendo siempre que aquella debe ser estudiada y explicada a partir de bases científicas sólidas y comprobadas.

Sobre este tema en particular surge con mucha fuerza la estrecha relación entre la conciencia moral del sujeto imputado de un delito y la noción de culpa y la consecuente responsabilidad del mismo, pero entendida esta relación desde una perspectiva holística (si cabe el término) en el sentido de trabajar precisamente parámetros que funden esa culpa y posterior responsabilidad sobre bases éticas y morales, para la cual hay que apelar necesariamente a la neuroetica y a las mismas neurociencias en busca de respuestas adecuadas; lo contrario significaría seguir teniendo una postura reduccionista al considerar a la culpa como un mero dato óntico del tipo penal (tal como se lo presenta hoy en día en el estudio de la misma dogmática penal) y, como una especie distinta al dolo, elemento que también se ubica en el estudio del tipo penal, es decir, fundando un análisis estrictamente descriptivo y normativo desde el ámbito jurídico, desconectado absolutamente de las cuestiones de naturaleza moral, biológica y por supuesto social.

Para comenzar me parece conveniente ceñirme a los conceptos claves los cuales se refieren a los siguientes aspectos:

  1. Delito: acción típica, antijurídica y culpable; siendo reprochable la misma a un sujeto determinado, por ende, su conducta resulta punible.
  2. Imputable es solo la persona a la que se le puede atribuir un delito. Y la imputabilidad es la aptitud o capacidad de comprender la antijuridicidad del hecho y de dirigir las acciones conforme a dicha comprensión.
  3. Según el artículo 34 inciso 1 del Código Penal Argentino no son punibles: “El que no haya podido en el momento del hecho, ya sea por insuficiencia de sus facultades, por alteraciones morbosas de las mismas o por su estado de inconciencia, error o ignorancia de hecho no imputable, comprender la criminalidad del acto o dirigir sus acciones”.
  4. En el inciso 1 para determinar la inimputabilidad no hay nexo psicológico entre persona y acto. Existe el delito pero no hay delincuente ni culpabilidad. Por ello no se absuelve, se sobresee.
  5. La fórmula mixta para el análisis del artículo 34 incluye: causas biológicas/psiquiátricas, consecuencias psicológicas y el análisis normativo/valorativo realizado por el juez.
  6. Las consecuencias biológicas/psiquiátricas incluyen la insuficiencia de las facultades, las alteraciones morbosas y el estado de inconciencia
  7. Las consecuencias psicológicas se refieren a la incapacidad para comprender la criminalidad del acto o dirigir sus acciones.
  8. Por regla general la inimputabilidad no se puede constatar en abstracto en razón de un determinado estado o diagnóstico sino solo en atención al hecho concreto. Ni siquiera los trastornos psíquicos patológicos deben excluir la capacidad de culpabilidad o imputabilidad respecto de cualquier conducta.
  9. Con relación a la imputabilidad nunca hay que perder de vista que se trata de un concepto que nace dentro del ámbito del derecho penal, para dar respuestas a sus propias necesidades. Así, la psiquiatría y la psicología arriban en auxilio del derecho penal.
  10. La comprensión de la criminalidad de un hecho utilizada en el código penal es exacta, ya que se le exige al agente para ser punible que en el momento del hecho posea la capacidad para valorar, vivenciar el sentido, captar lo disvalioso de su propia conducta, situación a la que no es posible acceder por vías de actos puramente intelectuales.

Ahora bien, entrando al análisis concreto de las distintas hipótesis planteadas en el artículo, podemos mencionar los siguientes aspectos:

1.- Incapacidad psíquica del agente: La norma comienza por establecer la imposibilidad de ejercer el poder punitivo en los casos en que el agente padezca incapacidad psíquica para comprender el delito (insuficiencia de las facultades, alteración morbosa de las facultades, estado de inconciencia), o incurrir en un error o ignorancia de hecho no imputable que le impidan comprender la criminalidad de acto o dirigir sus acciones.

Se trata de caso en los que el sujeto padece una incapacidad de funcionamiento del sistema psíquico o estado de inconsciencia que le imposibilita actuar reflexivamente. Buen ejemplo de dicha situación lo proporcionan los movimientos irreflexivos producidos por un ataque de epilepsia o los casos de graves intoxicaciones con fármacos o alcohol. Esta imposibilidad de actuar reflexivamente también puede tener un origen externo al individuo. Se trata de los casos en que nos encontramos en el terreno de lo totalmente mecánico-causal e implican situaciones donde no existe la reflexión. Por ejemplo cuando un sujeto es empujado por otro y produce lesiones a un tercero. Aun cuando las consecuencias jurídicas no varían, los casos de actuación de fuerzas extrañas al individuo tornan aplicable el inciso 2° del artículo que estamos analizando.

El estado de inconsciencia debe interpretarse como estado absoluto de falta de conciencia y debe diferenciarse de las demás causas de incapacidad psíquica de delito que admiten la conciencia pero viciada, que no permite alcanzar la capacidad para interpretar y desarrollar la conducta con el medio de acuerdo con los parámetros comunicacionales típicos. El estado de inconsciencia resulta incompatible con el recuerdo de determinados hechos, pues dicho estado importa la anulación completa de la inteligencia y la voluntad1.

Sin embargo pueden verificarse otros casos de incapacidad de acción en los que el agente no se encuentra privado de la conciencia y por una alteración morbosa o insuficiencia de sus facultades que no le impiden comprender la criminalidad del acto, se encuentra incapacitado para dirigir sus movimientos conforme a dicha comprensión. Dichas situaciones pueden encontrar adecuación en el inciso 2°, aunque referido a una fuerza física interna (parálisis histérica, actos reflejos incontenibles, movimientos fisiológicos que no controla la corteza, etc.)2.

En los casos de conciencia viciada el individuo desarrolla una errada auto-organización de acuerdo con circunstancias inexistentes. Así, un poderoso alucinógeno no permite al individuo auto-organizarse para desarrollar una respuesta comunicativa adecuada a la situación, dado que cree estar frente a un feroz animal agresivo y decidido a atacarlo, cuando en realidad está frente a otro individuo que trata de tranquilizarlo. La situación descripta no indica la existencia de un mero movimiento irreflexivo, sino que se concretan la auto-organización y la reflexión sobre la base de una interpretación errónea del medio.

La inimputabilidad en sentido genérico se refiere a todos los supuestos de exclusión de la punibilidad incluidos en todos los incisos de su artículo 34. En su inciso 1° se refiere a la ausencia de capacidad o aptitud personalísima, primariamente de carácter bio-psicológico, para que sea posible imputar a alguien, como su autor responsable, una acción u omisión sancionada con pena criminal3. A partir de ello puede sostenerse que la imputabilidad es la capacidad de culpabilidad que puede explicarse como la capacidad de comprender el carácter ilícito de la conducta y obrar conforme a ese conocimiento. Ello requiere determinado desarrollo de la personalidad y condiciones bio-psíquicas que le posibiliten al sujeto reconocer la licitud o ilicitud de su conducta y actuar conforme a dicho conocimiento4.

4 Cerezo Mir, José, Obras completas. Derecho penal. Parte General, t.1, Ara Editores, Lima, 2006, ps. 891/892.

1 Zaffaroni, Eugenio R.; Alagia Alejandro y Slokar, Alejandro, Derecho penal. Parte General, 2ª ed., Ediar, Buenos Aires, 2002, p. 425.

2 Zaffaroni-Alagia-Slokar, ob.cit, p. 425.

3 Frías Caballero, Jorge, Inimputabilidad penal, Ediar, Buenos Aires, 1981, p. 17.

4 Cerezo Mir, José, Obras completas. Derecho penal. Parte General, t.1, Ara Editores, Lima, 2006, ps. 891/892.