HCV y trastornos del ánimo: mas allá de la hepatopatía

Recientemente se dio a conocer la noticia que los investigadores Harvey J. Alter, Michael Houghton y Charles M. Rice fueron galardonados con el Premio Nobel de Medicina 2020 por el descubrimiento del virus de la hepatitis C. Todos los portales de noticias destacaron este hecho y en el desarrollo de la noticia comentaban que este virus es el causante más común de enfermedad hepática crónica, como de la cirrosis y el cáncer del órgano, pudiendo requerir los pacientes trasplante de hígado.

Se estiman que esta enfermedad afecta a un total de 70 millones de personas y provoca 400.000 muertes anuales. Existen 6 serotipos del virus de la hepatitis C, la cual en sus inicios HJ Alter la denominó “hepatitis no A no C”, y cada uno se relaciona con un impacto clínico y de respuesta terapéutica muy distinto.

Si bien la enfermedad per se genera sus complicaciones señaladas, su importancia creció de manera superlativa por las coinfecciones con el virus de la hepatitis C por parte de las personas viviendo con VIH.

Existen pocas opciones farmacológicas para el tratamiento de la hepatitis C las cuales difieren en su eficacia y principalmente su costo, lo que dificulta la accesibilidad para todas las personas a nivel mundial. El primer tratamiento de la hepatitis C se basó en un inmunomudulador (interferón α o interferón α-2β/ “pegilado”), y actualmente se lo combina con un antiviral (rivabirina) para aumentar la tasa de respuesta virológica. Más tarde aparecieron otras drogas (antivirales de acción directa) que presentan un alto costo, tienen mejor eficacia para lograr la negativización viral y sus efectos todavía se encuentran en estudio.

Pero lamentablemente toda la información circulante en medios masivos ha focalizado, cuando no

reducido, la enfermedad relacionado con el virus de la hepatitis C a su impacto virológico sobre el hígado. Desde nuestro lugar de profesionales de la Salud Mental, con formación en neuropsiquiatría y teniendo en cuenta los abordajes desde el constructo de la neurociencia en sus distintos niveles (básica, clínica y traslacional), queremos señalar la importancia de los síntomas psicopatológicos asociados con el virus de la hepatitis C y con una de las principales drogas utilizadas para su tratamiento.

Esta enfermedad, representa un gran desafío tanto sanitario como clínico, por sus múltiples efectos más allá de los hepáticos. Los pacientes con hepatitis C resultan más propensos a presentar trastornos neuropsiquiátricos, tanto previo al tratamiento como principalmente en el curso del mismo; y trastornos depresivos son la causa más frecuente y clínicamente importante por la morbi-mortalidad.

El virus de la hepatitis C genera alteraciones en el sistema nervioso por medio de la activación del sistema de respuesta inflamatoria que genera una aumento en la producción de citokinas proinflamatorias (IL-1β, IL-6 e IFNγ); estos productos químicos alteran la vía serotoninérgica y generan una reducción en las proyecciones de la corteza frontal, el cerebro media y el cuerpo estriado principalmente.

Por otro lado, el interferón pegilado también genera un aumento de citokinas, efecto sinérgico de potenciación, aumenta el ARNm para el transportador de serotoina e incrementa la recaptación del mismo, hechos que generan una reducción en los niveles de serotonina que se suman a los provocados por el virus. También altera vía mesolímbica y disminuye niveles de dopamina, y como provoca anemia secundaria al tratamiento (en algunos casos puede ser motivo de discontinuación del inmunomodulador) provoca un estado de hipoxia crónica con afectación de cortezas más antiguas como la hipocampal.

La reducción de los niveles de serotonina se asocia con los síntomas depresivos y el impacto en la dopamina con las alteraciones motivaciones y cognitivas.

La severidad del cuadro anímico puede ser desde leve a muy grave con intentos de autolesión; en el caso de los cuadros neurocognitivos muchos no retrotraen luego de finalizado el tratamiento y pueden requerir de rehabilitación cognitiva. En muchos casos, previo al tratamiento de la hepatitis C, se ha postulado la necesidad de tratamiento psicofarmacológico preventivo, pero se debe tener especial cuidado con las interacciones medicamentosas.

Nuestro grupo de investigación ha estudiado esta temática y los resultados se encuentran publicados en el artículo “Trastorno depresivo y alteraciones neurocognitivas en pacientes HCV+ en tratamiento con peginterferón” de Mazzoglio y Nabar et al publicado en la Revista Psicofarmacología, número 102 del año 2017.

Por: MJ Mazzoglio y Nabar

Médico. Especialista en Psiquiatría. Especialista en Neuropsiquiatría y Neurología de a Conducta. Magister en Neurociencia y en Psicofarmacología. Docente la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires