DE LOS PECADOS CAPITALES A LOS TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD

Por: Lic. Gervasini Diego (Uruguay)

En este trabajo se expone una articulación del estudio realizado por la autora Carmen López León (2001) titulado “De los siete pecados capitales a los trastornos de personalidad”, articulado y fundamentado con bibliografía del Curso dos capacitaciones de la Sociedad Argentina de Trastornos de la Personalidad y Psicopatías.

Carmen López León encuentra interesante el pasaje y el paralelismo presente en las clasificaciones de la enfermedad mental medieval a las clasificaciones usadas actualmente, realizando pertinentes comparaciones que afirman su escrito.

DESARROLLO CONCEPTUAL.

Comienzos de la noción de Salud y Enfermedad.

Carmen López León comienza con una introducción que plantea el lineamiento del trabajo, el cual consiste en detallar los paralelismos existentes entre los pecados capitales de la Escolástica medieval y los Trastornos de Personalidad de la Psiquiatría moderna. Realiza un recorrido por distintas concepciones de los conceptos de salud/enfermedad a través de distintas épocas, dando noción de que los conceptos van modificándose según el contexto socio-historio de la épocas, junto a la necesidad de producir nuevos esquemas de análisis (López, 2001).

En la medicina clásica, en una de las primeras nociones de enfermedad mental aparece como una manifestación del desorden de los humores del cuerpo, teoría que había sido realizada por Hipócrates durante 460-377 a.C. (López, 2001; Azpiroz & Prieto, 2008).

Teoría que sufriría varias modificaciones durante los siglos siguientes, pero centrada en su mayoría en el cuerpo. Hasta la llegada del Hombre Medieval, sujetos de una gran carga religiosa. Estos relacionaban a la noción de salud y enfermedad por medio de leyes divinas, considerando a la enfermedad mental como influencias de las fuerzas demoniacas (López, 2001).

Aparición de los Pecados Capitales.

En años 600 d.C. Gregorio Magno categoriza por primera vez a los Pecados Capitales. El pecador se vuelve un ser que desarrolla una serie de actitudes y conductas que son indeseables, tanto para el individuo que padece al pecado, como para el entorno (López, 2001).

Posteriormente comienza a aparecer una teoría psicopatológica formulada por Alberto Magno y Tomás de Aquino, en la cual postulan que el alma no podía enfermar, siendo fundamentalmente la insaniatermino descripto para la enfermedad mental que priva al hombre de su libertad– algo somático. Solo el pecado podía enfermar el alma. Cuando este se instalaba generaba perturbaciones somáticas muy intensas y rígidas en el sujeto (López, 2001).

Carmen López León encuentra que el termino insania moral es usado por primera vez por Jerónimo Cardano y Huarte de San Juan en la obra Examen de Ingenios en el año 1754, apareciendo la primeras clasificación de personalidad (López, 2001).

Así mismo detecta que Las brujas de los siglos XIV hasta XVII son consideradas como las primeras mujeres que entraban en el concepto de Trastorno de Personalidad. Estas poseen una inadaptación o baja adaptabilidad a las normas que dicta la sociedad o el entorno, encontrando un paralelismo muy similar al concepto hoy utilizado (López, 2001).

Comienzos de los Trastornos de Personalidad.

Es en el siglo XIX donde aparece una primera clasificación de los que hoy se conocería como Trastorno de Personalidad Antisocial. Por un lado el Psiquiatra Phillip Pinel lo describió como manía sin delirio (Azpiroz & Prieto, 2008). A la vez que James Prichard toma el concepto de insania moral de Cardano y Huarte de San Juan para describir a estos sujetos que violan las normas sin poseer un retardo mental o una psicosis (López, 2001; Azpiroz & Prieto, 2008).

A principios del siglo XX, Kraepelin en 1907 describe cuatro tipos de personalidades psicopáticas (López, 2001). Para luego dar lugar en el año 1946 a Kurt Schneider, quien realizó la primera clasificación de las personalidades anormales. Clasificación que posteriormente será dará lugar a los manuales DSM y CIE (López, 2001; Azpiroz & Prieto, 2008). Es Schneider, para la autora, que establece el dinamismo de las personalidades, pudiendo frenar, fortalecer, debilitar y hasta educar ciertos rasgos de los mismos, acercándonos a la idea de que se puede corregir el pecado, y dejar de ser pecador (López, 2001),

Paralelismo entre los Pecados Capitales y los Trastornos de Personalidad.

La autora enumera una serie de paralelismos que encuentra entre estas dos clasificaciones:

Primero – Niveles de manifestación. Los pecados se manifiestan por el pensamiento, la palabra, obra u omisión de actos. En los Trastornos de Personalidad se encuentra la clasificación en el nivel cognitivo –pensamiento-, un nivel expresivo –palabra- y el nivel conductual –obra u omisión- (López, 2001).

Segundo – Libertad. Para la escolástica el pecado condiciona la libertad del sujeto, mientras que en el sujeto con Trastorno de Personalidad se ve un condicionamiento, por su malestar clínicamente significativo, el cual le afecta sus vínculos, área laboral y/o académica, sintiéndose restringido y atrapado (López, 2001; Azpiroz & Prieto, 2008).

Tercero – Malestar. La escolástica declara el acompañamiento de una tristeza junto al pecado. En los sujetos con Trastorno de Personalidad ya se mencionó el malestar clínicamente significativo que manifiestan estos pacientes, sintiéndose incomodos, angustiados, tristes o molestos por ser incapaces de sentir y/o estar a gusto (López, 2001; Azpiroz & Prieto, 2008).

Cuarto – Tratamiento. Al portador del pecado se le ofrece un tratamiento moral, insistiendo en la modificación de sus conductas. Para los Trastornos de Personalidad, se intenta equilibrar las polaridades, planteando, entre varios tratamientos, el cognitivo-conductual, que intenta que el sujeto identifique y modifique su patrón de conducta hacia unas más sanas (Millon & Davis, 1998; López, 2001).

Quinto – Adaptación. Para el pecador le es muy difícil adaptarse al plan de Dios, alejándose del patrón de convivencia que debería seguir, produciéndole esto angustia. En el Trastorno de Personalidad está presente un patrón desadaptativo, que no le permite estar en armonía con el entorno, generándole molestias en lo afectivo y social (López, 2001).

Sexto – Evolución. El poseedor de un pecador parece presentar una carrera de pecador, el cual lo va hundiendo más en la mísera. Al igual que en los Trastornos de Personalidad aparece un desarrollo psicopático de la personalidad, que según la autora, va haciendo del sujeto más inadaptado y separado del mundo, al reforzar los patrones disfuncionales. En ambos casos aparece un pensamiento del aquí y el ahora, sin la posibilidad de una proyección a un futuro (López, 2001).

Los Pecados Capitales y su Trastorno de Personalidad relacionado.

López León estableció un orden específico de los pecados, buscando una coherencia a nivel fenomenológico. Establece a la Soberbia y la Envidia a nivel de ideas y pensamientos. Avaricia hacia lo material. Gula y Lujuria en lo corporal, pensándolo como pecados somáticos. Por último la Ira y la Pereza como conductuales, uno por su hiperactividad y explosividad, mientras que por el otro lado se manifiesta con inercia y pasividad (López, 2001).