Conducta Antisocial, apego y su relación con el trastorno traumático del desarrollo

Dra. Daniela Flores Helguero.

Medica especialista en Psiquiatría, Magister en Neurociencias, magister en PNL, Posgrado en Neuropsiquiátrica y Adicciones

Desde una perspectiva evolutiva, las relaciones tempranas en la primera infancia establecerían el tipo de vinculo interpersonal que se llegaría a desarrollar entre el infante y el cuidador. Bolwby, Ainstowrth y Salomon nos brindan una basta clasificación descriptiva sobre lo que denominan Apego y sus distintos tipos, relacionado con una dinámica funcional asimétrica entre padres/cuidadores e hijos.

Desde una perspectiva psicoanalítica la sensación de bienestar y cuidado con alimentación estable propiciada por la madre serían lo suficientemente importantes para el desarrollo emocional del niño, sin embargo, Harlow demuestra en base a experimentos con primates que la sensación de seguridad del infante estaría relacionada con el contacto corporal y el confort que éste generaría.

Esta hipótesis se utilizó para poder investigar las consecuencias del aislamiento en orfanatos y niños con hospitalizaciones prolongadas, en las cuales no les faltaba alimento sino contacto emocional interpersonal, por tal motivo muchos de ellos presentaron consecuencias moderadas a severas relacionadas con alteraciones en el desarrollo psicofísico.

La teoría de Bolwby se basa en la importancia del cuidado seguro/amoroso durante los primeros años de vida, infancia y adolescencia como determinantes conductuales dentro de una organización en el sistema familiar. Por lo cual, podemos entender que el apego no es innato, se aprende, se explora y se construye, muchos autores refieren que también debemos tomar en cuenta la carga genética de cada individuo ya que actuaría como factor de riesgo no determinante.

Debemos diferenciar el vinculo afectivo del apego y la conducta de apego, el primero se basa en la relación que persiste a los cambios transitorios de la interacción, ósea, acercamiento por cansancio, hambre o miedo a diferencia de la conducta de apego que se relaciona a la búsqueda de proximidad en cualquier momento, sin una necesidad innata, Ainsworth menciona en sus numerosos trabajos la importancia de la sensibilidad materna / del cuidador frente a las señales del infante, esta consistiría en la interpretación precisa de la necesidad del mismo con una posterior respuesta contingente y apropiada frente a una demanda explícita o implícita.

Entonces, el sistema de apego se activaría como consecuencia del miedo generado por situaciones de peligro no solo objetivas sino también subjetivas según la interpretación del niño, es decir, se activaría frente a estímulos externos e internos que el infante percibe como amenazantes de su seguridad, por lo tanto, el infante debería desarrollar una dependencia segura con los padres/cuidadores antes de enfrentarse a situaciones poco familiares. En base a lo expuesto previamente el apego se clasifica en 4 tipos: Evitativo, seguro, ambivalente/ resistente y desorganizado. Nos limitaremos a desarrollar la relación que se presenta entre el apego desorganizado y la conducta de tipo antisocial, remitiendo al lector a la bibliografía para poder ampliar sobre los tipos de apego.

Distintos autores concluyen que el apego desorganizado tiene fuerte relación con la presencia de traumas tempranos, ya sean por violencia intrafamiliar, maltrato físico, verbal, sexual, negligencia, pérdidas tempranas o contagio emocional a través del miedo e impotencia frente a la hostilidad del cuidador, esto activaría en el infante sistemas de defensa y miedo permanente que podrían generar 3 respuestas organizadas: defensa (fuga/ ataque), apego (búsqueda de acercamiento) o competencia (sumisión), el miedo se desorganizaría cuando el infante no encuentra respuesta e ninguna de las 3 estrategias previas.

La base del apego desorganizado es la paradoja entre la activación del sistema de apego y la activación del sistema de defensa, ya que el cuidador representa para el niño una fuente de peligro y protección al mismo tiempo, siendo la disociación una de las posibles respuestas inmediatas frente a dichos estímulos o como respuesta a eventos traumáticos ya que estos menores tendrían menor capacidad para afrontar emociones con gran carga negativa, por ejemplo, tras conductas de maltrato o negligencia /rechazo, prefiriendo la proximidad con el cuidador antes de la pérdida de esa figura considerada como figura de apego.

Por lo tanto, las consecuencias en la adolescencia/ adultez estarían relacionadas con dificultades en las relaciones interpersonales, dificultades para regular emociones frente a eventos estresantes, déficit en la metacognición y en la teoría de la mente.

Los primeros 2 años de vida podrían ser considerados un factor de riesgo frente al impacto psíquico de eventos traumáticos a esa edad y las posteriores, si consideramos la desorganización del apego como el primer trauma relacional en la vida del infante, éste tendría mayor probabilidad de presentar trastorno traumático del desarrollo en los años posteriores. Recordemos que el trauma esta definido según el impacto del evento traumático en el sujeto y su capacidad de elaboración/ adaptación al mismo y las consecuencias. El desarrollo traumático se define como: condiciones estables de amenaza sin poder salir, evadir o frenar la situación, convirtiéndose ésta en repetitiva en el tiempo, constante y acumulativa, siendo el ejemplo más importante de lo que conocemos como Trauma Complejo.

La historia de los eventos traumáticos en la vida del infante, niño y adolescente muestra distintos tipos de respuesta según las características mencionadas previamente, esta variabilidad de respuestas motivó al equipo de Kolk et al. a poder clasificar las mismas con el objetivo de que cada una de ellas tenga una intervención terapéutica especifica. Kolk las clasifica en 4 tipos de respuestas posteriores a haber padecido exposición a violencia interpersonal y grave negligencia del cuidado: Desregulación emocional y de las funciones biológicas, Trastornos del comportamiento y cognitivos, Trastornos de la percepción del yo y de las relaciones interpersonales, Sintomatología de PTSD.

La conducta antisocial se podría definir como un comportamiento en contra de las normas sociales, que podría convertirse en un patrón estable, persistente e inflexible de falta de consideración a los derechos de otro. En la infancia se puede manifestar como conducta disruptiva, Trastorno oposicionista desafiante, trastornos de la conducta, agresividad o insensibilidad frente a los demás, en la adolescencia se podría manifestar como delincuencia o conducta impulsivo agresiva. Debido al principio de continuidad heterotipica sabemos que dicha conducta se modifica según la etapa de desarrolló en la que se encuentre el individuo, además de la discontinuación en su expresión por demandas y capacidades que varían con el tiempo (Pulter2000). Bowlby refiere que el odio dirigido hacia sus padres y otros cuidadores sería tan peligroso y perturbador que el infante/adolescente canalizaría su frustración mediante conductas delictivas dirigidas hacia otras personas o instituciones; ésta explicación supone el primer argumento explicativo sobre como el apego desorganizado conduciría a desarrollar conductas de tipo antisocial.

El cuidado de baja calidad en la infancia estaría relacionado con problemas de externalización como delincuencia y agresividad, el nivel de estrés ambiental influiría en la evolución del desarrollo antisocial y en la edad de inicio de la conducta. Moffit menciona 2 tipos de conducta: el primero de inicio temprano y trayectoria persistente y el segundo de inicio en la adolescencia y remite posteriormente, dentro del primer grupo se encontrarían niños provenientes de orfanatos, con un solo cuidador negligente, altos niveles de estrés ambiental, apego desorganizado, posible psicopatología del cuidador, conducta evitativa frente a situaciones extrañas y hostiles, agresivos e impulsivos, patrones altamente resistentes en el tiempo. Dentro del segundo grupo estarían los infantes provenientes de familias conflictivas, carenciadas, déficits alimentarios y educacionales.

Sabemos que el daño producido por negligencia, violencia, maltrato, etc en los primeros años de vida puede requerir de arduo trabajo terapéutico interdisciplinario, los niños necesitan experiencias de apego seguro para poder desarrollar la correcta regulación del afecto y además el correcto desarrollo neurofisiológico según la etapa evolutiva en la que se encuentre. Los infantes se apoyan en un entorno seguro con figuras de cuidado positivas para poder aprender estrategias de afrontamiento frente a eventos disruptivos, por lo cual deberíamos fomentar el cuidado de los mismos estimulando la aplicación de estrategias preventivas en situaciones vulnerables.

Bibliografía

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  2. for borderline personality disorder: Patients’ early traumatic experiences and losses suffered
  3. by the attachment figure. Acta Psychiatrica Scandinavica, 102: 282-289
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